Francisco Alpresa del Río

Exlibris creado por Francisco Alpresa del Río para Joan Catasús
Exlibris creado por Francisco Alpresa del Río para Joan Catasús

Biografía

Francisco Alpresa del Río, conocido también como Frank Alpresa, fue un dibujante, ilustrador, grabador y pintor de formación esencialmente autodidacta. Artista polifacético, desarrolló su actividad en numerosos campos de las artes gráficas, aunque su nombre quedó especialmente vinculado al ámbito del exlibris.

Nació en Sevilla y se trasladó a Madrid cuando apenas tenía un año. Durante su adolescencia se estableció en Barcelona, ciudad en la que inició su formación artística. Estudió en la Academia Mongrell y en la Escola de Belles Arts de la Llotja, aunque pronto optó por una formación más libre y autodidacta, frecuentando los círculos artísticos barceloneses y ampliando su experiencia mediante viajes al extranjero.

Entre 1920 y 1924 residió en Nueva York, donde trabajó como ilustrador para distintas publicaciones. Durante esta etapa firmó con los nombres de Frank o Ángel Méndez. Su estancia en la ciudad lo puso en contacto con ambientes culturales vinculados a emigrantes rusos, lo que influyó en su sensibilidad artística y en su conocimiento de las estéticas del arte soviético.

Tras regresar a España se instaló de nuevo en Barcelona y colaboró, entre otros medios, con la revista satírica Pakitu, heredera de la publicación Papitu. En los años siguientes trabajó en distintos lugares, como Zaragoza o Palma de Mallorca. En 1930 realizó un notable cartel cinematográfico para la UFA titulado El Diablo Blanco, ejemplo de su fuerza gráfica como cartelista.

Poco antes de la Guerra Civil española y durante el conflicto se implicó activamente en la vida política y sindical del momento. Participó en la Sección de Dibujantes, Pintores y Escultores del Sindicato Único de Profesiones Liberales, vinculado a la CNT, y realizó diversos carteles y trabajos gráficos de carácter propagandístico. En 1936 ilustró la portada del número extraordinario de la revista Higia, y durante el conflicto colaboró en numerosas publicaciones, entre ellas Criticón, Amic, Trincheras, Meridià, Moments y L'Esquella de la Torratxa, donde continuó publicando viñetas hasta finales de 1938.

En 1940 fue detenido por participar en reuniones clandestinas vinculadas al PSUC y permaneció encarcelado hasta 1943. Tras recuperar la libertad se orientó hacia la ilustración editorial, especialmente en publicaciones infantiles. Durante este período trabajó para diversas editoriales y colecciones, entre ellas Bruguera, ilustrando cuentos, libros humorísticos y material gráfico para jóvenes lectores.

Su actividad artística fue muy diversa: ilustró cuentos, diseñó recortables, postales y felicitaciones, realizó objetos artesanales en madera y piel, diseñó figurines para la casa de moda Santa Eulalia y desarrolló una notable producción de dibujos y acuarelas.

A partir de la década de 1950 se dedicó con especial intensidad a la creación de exlibris, campo en el que alcanzó gran reconocimiento en España y Portugal. En 1958 realizó el cartel del VI Congreso de Exlibristas celebrado en Barcelona, además de una carpeta de exlibris destinada a los participantes del congreso.

Tras el fallecimiento de su esposa en 1966 continuó trabajando, aunque con menor intensidad, centrando su producción principalmente en el exlibris y en la ilustración de cuentos troquelados, algunos firmados con el monograma ALP.

Francisco Alpresa del Río falleció el 27 de diciembre de 1970, dejando una obra gráfica variada que abarca desde la ilustración y el cartelismo hasta el arte del exlibris, disciplina en la que alcanzó especial reconocimiento.

Francisco Alpresa del Río y el exlibris

La obra exlibrística de Francisco Alpresa del Río se inscribe dentro de la tradición de artistas que concibieron el exlibris como una forma de arte en miniatura. Sus composiciones combinan dibujo, simbolismo y sentido ornamental, integrando la identidad del propietario del libro con una propuesta visual equilibrada.

El exlibris realizado para Joan Catasús ilustra esta concepción artística, en la que la marca de propiedad bibliográfica se transforma en una pieza gráfica con personalidad propia, reflejo de la sensibilidad estética y del lenguaje visual del autor.