En la xilografía a contrafibra, conocida también como a testa o a contrahilo, las planchas de madera se cortan transversalmente al tronco del árbol con lo que se elimina la veta de la madera. En cuanto a las herramientas para el vaciado, el grabador sustituye las gubias por los buriles obteniendo una mayor riqueza en la gradación tonal e imágenes más delicadas. La mejor madera para esta técnica es el boj porque dispone de poco porosidad y gran dureza, lo que permite realizar trabajos de extremada precisión. Otras maderas carecen de la dureza deseable y permiten trabajos de menos definición.

    Hay autores que situan el nacimiento de la técnica del grabado a contrafibra en Armenia, mientras que en Europa se comenzó a utilizar en Santiago de Compostela y en Lyon a mediados del siglo XVIII.

    La xilografía a contrafibra fué la técnica favorita de muchas publicaciones seriadas del siglo XIX, ya que permitía entintar en una misma pasada el texto y la imagen de sus ediciones.